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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

Comentario de la lección de Escuela Sabática 

Pr. Alejandro Bullón 

Primer Trimestre - Año 2008 
El discipulado 

Lección 13 

Modelos de discipulado 

(San Mateo 14:14; 15:32; 20:34 -San Marcos 1:41; San Lucas 6:12, 13; 

16:19-31; 17:4, 5; 18:9-14; Colosenses 1:14; 1 Timoteo 5:16) 

29 de Marzo de 2008 

Transcripción del Comentario en Audio 



El Propósito de la lección de esta semana es: 

IVIOSTRAR cuál debe ser la ACTITUD de todos los discípulos para con aquellas perso- 
nas que, en la opinión de la mayoría, ya no tienen esperanza de recuperación. 

. La ACTITUD de Jesús. 

IVIateo 14:14 -'Tuvo COMPASIÓN de ellos" 

La palabra compasión aquí no es pena. Es colocarse en el lugar de esas personas. 

IVIateo 15:32 -'Tengo COMPASIÓN de la gente" 

Mateo 20:34 -"Jesús COMPADECIDO, les toco los ojos" 

Así como estos tres versículos, podríamos citar muchos otros versículos en los cuatro 
evangelios. Versículos que muestran la MISERICORDA Y COMPASIÓN de Jesús para 
con aquellos que sufrían y eran rechazados. Entre la multitud que seguía a Jesús hab- 
ían ciegos, leprosos, cojos, paralíticos, rameras, gente marginal, despreciada. Sin em- 
bargo, el corazón del Maestro siempre estaba lleno de compasión por esa gente. 

La compasión que Cristo sentía no era pena, no era la misma cosa que nosotros 
hacemos cuando vemos a alguien en una situación dolorosa y decimos "¡Pobrecito...l". 
La compasión de Cristo era una especie de empatia. Se colocaba en el lugar del que 
sufría y pensaba: ¿como me sentiría si estuviese en el lugar de esta persona? 

Al final de cuentas, ¿Acaso Jesús no lo había dejado todo allá en el Cielo y había veni- 
do a esta tierra para colocarse en lugar del ser humano? ¿No había tomado nuestros 
dolores y enfermedades sobre si? ¿Por qué crees tú que no podría entender al ser 
humano? El puede entender a cualquier ser humano, en cualquier circunstancia, en 
cualquier situación. 

Jesús no se colocaba solo en el lugar de los buenos, de los privilegiados, de los ricos, 
de los que tenían buena conducta. ¡No! Jesús se colocaba en el lugar de todos los se- 
res humanos, inclusive, de los peores pecadores. Jesús no sentía solo compasión por 



esas personas, sino que salía de la teoría de la compasión y entraba en la ACCIÓN. El 
libertaba a esas personas del peso de la culpa. Sabia que el pecado mata, el pecado 
destruye, el pecado aniquila en el ser humano las ganas de vivir. Por eso muchas ve- 
ces les dijo a las personas: "Yo no te condeno", "Tus pecados te son perdonados". No 
hay cosa más preciosa para el ser humano que saber que alguien lo ama y que, a pe- 
sar que vivió la vida que vivió, puede tener una nueva oportunidad. 

En los primeros años de mi ministerio fui testigo de lo que el Señor Jesucristo hizo en la 
vida de un muchacho drogadicto, ladrón, asaltante, peligroso, violento. El empezó a 
asistir a nuestras conferencias, incluso me había asaltado a mí. Empezó a venir a nues- 
tras conferencias y el Espíritu de Dios comenzó a trabajar en su corazón. Mis hermanos 
queridos que me acompañaban y ayudaban en la campaña me decían: "-Pastor, no 
crea en ese hombre, no confíe en ese hombre. No le dé mucha confianza a ese hom- 
bre. Usted no sabe como son los delincuentes. Ellos vienen con una cara pero en el 
fondo son otra cosa. El desde niño ha crecido en ese ambiente. El esta hecho para la 
violencia, para la deshonestidad". Pero el muchacho estaba ahí, y yo lo saludaba con 
cariño y el sentía que yo confiaba en el, que yo lo amaba. Y el venia y venia, a pesar 
que muchos santos y buenos hermanitos míos lo miraban con desconfianza y lo hacían 
sentir mal. 

La noche que presente el tema de los diezmos y las ofrendas, dije: "-IVIañana vamos a 
recoger ofrendas. Voy a dar los sobres para cada uno y mañana traigan sus diezmos". 
Para muchos era el primer diezmo que iban a dar en su vida. Esa noche habíamos pre- 
sentado el tema de que devolver el diezmo era reconocer a Dios como el Creador, el 
Dueño de todo. Yo organicé entre los muchachos un grupo de diáconos, y coloque co- 
mo uno de los diáconos para recoger las ofrendas a este muchacho que había sido un 
delincuente, y que todavía vivía una vida equivocada, porque estaba asistiendo a las 
conferencias pero no había sido bautizado. Desaparecía algunos días y yo sabía que 
estaba metido en las drogas. 

Cuando un hermano supo que yo había nombrado a este muchacho como uno de los 
que iban a recoger las ofrendas, me dijo: "-Pastor, tiene que tener cuidado, usted no 
puede confiar en ese muchacho". Para colmo, el recogía las ofrendas, salía por la puer- 
ta del frente, iba por la calle para la puerta de atrás donde contarían las ofrendas. Ese 
hermano me dijo:" -Ese hombre sale con la bolsa llena de dinero y se va corriendo, al 
estar en la calle se va corriendo y no va a volver. Usted va a perder todo". 

Le dije: "-No importa". Hice mas; dije: "-Todos le entregan las bolsas a el. El va a ser el 
encargado de llevar todo el dinero para atrás". Nadie entendía lo que estaba haciendo. 
Todos pensaban que yo había enloqueciendo. Llego el momento de las ofrendas y 
diezmos. Se recogió todo. Todos entregaron las bolsas al muchacho y ahora el salió 
por la puerta del frente, fue a la calle; y yo pensaba en mi corazón: "Dios mío, toca con 
tu Espíritu el corazón de este muchacho. Si el no vuelve, yo no se que voy a hacer. Yo 
soy el responsable de todo. Pero el muchacho volvió, entregó el dinero allí atrás y con- 
taron el dinero. 

Cuando yo salí, le hice una pregunta: "-IVIuchacho, ¿por qué no te fuiste? Nunca hubie- 
ras encontrado dinero tan fácil. El dinero estaba en tus manos. ¿Por qué no te fuiste co- 
rriendo? ¿Por qué no te escapaste?" El me dijo: "-Pastor, tuve en mi mente el pensa- 
miento de irme con todo el dinero. Era bastante dinero. Pero en ese momento luche en 



mi corazón, y pensé: el pastor confió en mí, yo no le puedo fallar. El confió en mi, yo 
tengo que ser honesto con el, y entregué el dinero. Aquello me toco mi corazón y ahora 
yo entiendo porque Jesús confiaba en las personas. Porque el sabia que la confianza 
es la mayor prueba de amor". 

Hay muchos hijos que viven una vida completamente desordenada, porque los padres 
no confían más en ellos. Aprende a confiar en las personas. Para Jesús no había un 
caso perdido. Aquella mujer que fue traída en flagrante pecado, Jesús le dio una opor- 
tunidad. Jesús siempre creía en las personas. 

En cierta ocasión yo estaba visitando una ciudad en el estado de Minas Gerais, Brasil. 
Durante el día los hermanos habían distribuido invitaciones por toda la ciudad. Esas in- 
vitaciones decían así: "Si has llegado en tu vida un punto en que sientes que estas per- 
dido, acabado, no sabes a donde ir, que tu vida no vale nada, que has perdido la digni- 
dad, el respeto propio, ven esta noche a esta dirección y vas a ver que todavía hay 
oportunidad para ti". 

Esos volantes fueron distribuidos por toda la ciudad y por esas cosas de la vida llega- 
ron al barrio rojo de la ciudad, donde estaban los prostíbulos. Y cayo en las manos de 
una prostituta, una mujer que vendía su cuerpo, y ella se emociono cuando leyó la invi- 
tación, y ella creyó y fue. Yo estaba sentado en el primer banco, esperando que la igle- 
sia se llenase, cuando escuche unos gritos allá atrás, y me levante para ver lo que pa- 
saba, y cuando llegue allá ya no había mas gritos. Pero ¿que era lo que había pasado? 

Esta mujer había querido entrar a la iglesia, pero ella estaba vestida como se vestía allá 
en la calle, de una manera exagerada, mostraba exageradamente las formas de su 
cuerpo. Entonces un diácono, con toda sinceridad, le dijo: "-Usted no puede entrar ves- 
tida de esa manera". 

Ella saco un papel de su cartera. "-¡Yo recibí esta invitación!" Y esa invitación de- 
cía:"lnvitación personal". "-¡Yo recibí esta invitación!" 

"-Si, pero no puedes entrar vestida de esa manera. Cambíate de ropa". 

"-Pero no tengo ropa. Yo vine así, vivo lejos, no puedo ir a cambiarme, yo voy a entrar". 

El diácono dijo:" -No puedes entrar". 

Entonces ella comenzó a alterarse. "¡Yo voy a entrar y voy a ver quien me impide!" 

"-No, no vas a entrar". Entonces la mujer insulto al diácono, le dijo unas palabras feas, 
grito, y se fue. Cuando yo llegué a la puerta, la mujer ya se estaba yendo, me contaron 
lo que paso y yo fui atrás de ella. La alcance a unos veinte metros. Se estaba yendo llo- 
rando. Le dije: "-Ven, tú vas a ser mi invitada especial. 

Ella me dijo: "-No, no quiero". 

"-Ven, yo soy el pastor que va a predicar, te voy a buscar un lugar especial". 

Me dijo: "-No quiero más. 



Insistí, pero ella no quiso. Se fue llorando. 

Aquella noche me levanté para predicar. La iglesia estaba llena. Gente linda, bien ves- 
tida, bonita, pero mi corazón me dolía. Tal vez Jesús me había llevado a aquel lugar so- 
lo para alcanzar a esa pobre mujer, pero alguien en el nombre de Dios, se sintió en el 
derecho de decir: "Tú no puedes entrar así, vestida como estás". Yo no creo que ese 
diácono fuera un hombre malo. Fue un hombre sincero, honesto, estaba celando por la 
casa de Dios. Pero, ¿hasta que punto tu sinceridad te cierra los ojos para no ver que 
cuando Jesús vino a este mundo vino a salvar a los perdidos, a los peores? 

Una vez estaba haciendo un llamado en una campaña evangelística. Ya no había mas 
personas para venir adelante y yo seguía insistiendo, llamando, porque mi corazón de- 
cía "Continúa llamando". Y pregunte: ¿será que hay uno mas esta noche que quiere 
venir aquí? Aunque te sientas indigno, ven a Jesús". 

Y de repente por el medio de la iglesia comienza a desfilar un hombre. Un hombre ves- 
tido de mujer. Caminando exageradamente, moviendo su cuerpo exageradamente. Y 
toda la iglesia lo miró. Y yo veía a dos diáconos que me miraban como preguntándome: 
"Pastor, ¿qué hacemos? ¿Lo sacamos?". Porque la iglesia se sentía mal. Y él venia 
desfilando, pero venia llorando. El Espíritu de Dios había tocado el corazón de ese 
hombre. Un hombre perdido, acabado, un homosexual, vestido de mujer. Pero el Espíri- 
tu lo había tocado. 

Querido, nunca digas de una persona: "Para el no hay esperanza". Porque para Jesús 
ningún caso esta perdido. Para Jesús siempre hay esperanza. El esta dispuesto a tra- 
bajar por todos. 

Jesús vivió en un tiempo de marcadas diferencias entre los grupos sociales. En ese 
tiempo había hombres y mujeres. El hombre lo tenia todo, la mujer casi nada. Pobres y 
ricos. Fariseos y publícanos. Líderes y pueblo común. Marcadas diferencias, barreras 
muchas veces infranqueables. Pero Jesús no vino para quedarse ni a un lado ni al otro. 
Jesús no vino para quedarse de lado de los pobres y contra los ricos, como mucha gen- 
te piensa. Tampoco vino a quedarse del lado de los ricos y contra los pobres. 

Jesús vino para destruir las paredes, para destruir las diferencias. Jesús trabajo con 
amor entre lo ricos como Nicodemo, como José de Arimatea. Pero también trabajo con 
amor entre los pobres. Jesús nunca hizo acepción de personas. Para ser objeto del 
amor de Cristo bastaba ser un pecador. Hay ricos humildes y hay pobres orgullosos, 
también hay pobres humildes y también ricos orgullosos. Hay ricos que viven un cristia- 
nismo ejemplar y maravilloso, y hay pobres que no lo hacen. Hay pobres maravillosos y 
hay ricos que piensan que porque tienen dinero pueden comprar hasta las determina- 
ciones de la iglesia. Hay de todo, pero Jesús ama a todos, no solo a los buenos, sino 
también a los malos. Jesús nunca se coloco a favor de los unos y contra los otros, y 
nosotros como sus discípulos necesitamos hacer lo mismo. 

La lección es: Anda y busca aquellas personas que todos creen que no tienen esperan- 
za de recuperación. No las juzgues, no digas que para ellas ya no hay oportunidad, no 
digas que ellas ya están perdidas. Siempre hay oportunidad para todos. 



• Nacionalismo - Exclusivismo - Discriminación 

Otro aspecto de la misión que estudiamos tiene que ver con el nacionalismo o exclusi- 
vismo; o el regionalismo o como tu lo quieras llamar. Ya lo hemos analizado en leccio- 
nes pasadas, pero se esta enfatizando esto para que las lecciones queden grabadas en 
el corazón. 

En el mundo antiguo era muy marcada la diferencia entre personas de diferentes cultu- 
ras. Unos se consideraban superiores a otros, mejores, más santos; o más pecadores, 
más dignos del amor de Dios o más inmerecedores. Pero Cristo vino a enseñarnos que 
para el evangelio no existen fronteras. El poder transformador de Jesús no conoce 
banderas. Que la única bandera de Cristo es el rojo vivo de su sangre derramada en la 
cruz del Calvario. 

Esto es muy fácil de ser dicho, en la teoría, pero ¿cómo miro a un hermano de otro país 
o de una cultura diferente? ¿Estoy dispuesto a aceptarlo con su cultura y a amarlo co- 
mo a un hijo de Dios? Jesús era un formador de discípulos. Esos discípulos que el for- 
maba no eran sólo los doce, eran muchos, y entre ellos estaba Mateo, el publicano; 
IVIaría, la pecadora; el ciego Bartimeo, el paralítico del estanque de Betesda; el ende- 
moniado Gadareno. Todo ellos habían sido transformados por Jesús. El les enseñaba. 
El los discipulaba. El los preparaba para cumplir la misión. 

Esa es la misión de la iglesia hoy. No es solo predica y bautizar. Sino preparar, discipu- 
lar, capacitar a las personas para que sean testigos productivos del evangelio y gran- 
des ganadores de almas. La mejor ayuda que se puede dar a un pobre no es darle 
pescado, sino enseñarle a pescar. Esta es la misión de la iglesia, puede llevar tiempo, 
puede ser difícil, puede parecer poco productivo, pero hay que discipular, hay que pre- 
parar. No hay que crear solamente conversos dependientes. Hay que enseñar a vivir la 
vida cristiana de manera victoriosa. Hay que enseñarles a crecer. No puede haber solo 
miembros de iglesia pasivos, sentados, observadores. La misión de la iglesia es hacer 
de cada ser humano un elemento útil, porque el sentido de utilidad también proporciona 
felicidad. 

• La oración 

La lección de esta semana termina mencionando el papel que la oración tiene en el 
cumplimiento de la misión. 

A esta altura de mi vida he aprendido que el éxito en el evangelismo depende mucho 
más de la oración que de la elocuencia, que de los argumentos, que de los Powerpoint, 
que de las películas, de los grupos que cantan, del sermón bien elaborado. Todo eso 
es necesario, pero el elemento clave para el éxito en evangelización, para que el espíri- 
tu toque el corazón de las personas y transforme la vida de esa gente es la oración. 
Orar, orar y orar. 

En estos últimos años, antes de llegar a una ciudad para una campaña evangelística, 
un año antes lanzamos el programa de oración. La iglesia organizada de dos en dos 
orando y clamando a Dios y he visto maravillas que Dios hace en las vidas de las per- 
sonas gracias a la oración. 



Alguna vez ya he contado una de esas experiencias, te voy a contar una que sucedió 
en Perú, en una iglesia en el distrito de Comas. El pastor me contó la siguiente expe- 
riencia. 

Había un vecino de la iglesia, un hombre violento, un hombre intransigente, cabeza du- 
ra, no quería conversar, enemigo de la iglesia. Este hombre los días sábados, mezcla- 
ba jabón con el agua y lo echaba en la vereda. Y los hermanos el sábado venían a la 
iglesia con sus zapatos y resbalaban y caían, y el vecino se reía mirando por la venta- 
na. Cuando empezaba el culto el tomaba su equipo de sonido y colocaba los alto par- 
lantes en dirección de la iglesia. Colocaba una música a todo volumen y los hermanos 
no sabían que hacer. Habían ido muchas veces a hablar con el, y el no los atendía, no 
los recibía. El decía: "-Y cuando ustedes cantan, ¿yo que les digo? Yo estoy en mi ca- 
sa, y en mi casa yo tengo el derecho de hacer lo que yo quiero. ¡No me molesteni" In- 
clusive, la iglesia se reunió para decidir vender ese templo, comprar un terreno en otro 
lugar y construir otro templo, porque literalmente era imposible tener los cultos. Bastaba 
comenzar el culto y el colocaba la música estridente y no dejaba a la iglesia alabar a 
Dios. 

Hasta que un hermano empezó a orar. A orar, orar y orar por eses vecino malo y la 
oración dio resultado. Pero además de orar, este hermano dio un paso. Salió de la teor- 
ía y entro en la acción. El verdadero discípulo sale de la teoría y entra en la acción. 
¿Qué hizo este hermano? El también un lunes de noche que no había culto, la iglesia 
estaba cerrada, el era diácono, tenia la llave de la iglesia; se fue a la iglesia y a la ocho 
de la noche cuando el vecino y su familia estaban acomodándose para ver la novela de 
las ocho; el hermano diácono trajo su equipo de sonido de la casa y coloco los alto par- 
lantes en dirección de la casa del vecino y puso a todo volumen un sermón que yo pre- 
dicaba. Y el hombre, el vecino se sintió mal. Pero, ¿a quién le iba a reclamar? El hacia 
lo mismo con la iglesia, entonces tuvo que tragarse su propio veneno. Se aguantó. No 
pudo mirar la novela porque el hermano coloco el sermón a todo volumen. El martes el 
hermano volvió y le coloco el sermón numero dos. El miércoles el hermano no hizo na- 
da porque era culto de oración. 

Pero sucedió algo misterioso. El vecino por primera vez no coloco la música bulliciosa. 
Y todos se preguntaban ¿Qué estará pasando con el vecino? ¿Será que esta enfermo, 
que le sucedió? El jueves el hermano diácono volvió, le metió el sermón numero tres. El 
viernes volvió y puso el sermón numero cuatro. El sábado, cuando estaba empezando 
el sermón, el vecino apareció en la iglesia, se sentó atrás. Todos lo miraron y se asus- 
taron. Primer sábado que el no echaba agua con jabón en la vereda. Primer sábado 
que el no colocaba la música a todo volumen para interrumpir el culto y ahora el viene y 
se sienta ahí atrás en la iglesia. Todos estaban preguntando ¿que esta sucediendo? 



"-Pero si el lunes empezó". Pero el lunes la iglesia estaba cerrada. 

"-Pero alguien coloco un sermón". Los hermanos comenzaron a mirarse. Y bueno, dos 
cosas podían estar pasando. Q este vecino estaba loco, estaba escuchando cosas que 
no existían; o entonces los Ángeles estaban haciendo un trabajo. No eran los ángeles, 
era un diácono que hacía mucho tiempo estaba orando por este vecino y que ahora 



había decidido salir de la teoría y entrar a la acción. Allí el diácono levanto la mano y di- 
jo: "-Vecino, soy yo". 

En el primer sermón que el hermano diácono coloco, era un sermón que yo predicaba 
de Saulo de Tarso, cuando se convirtió de camino a Damasco y cayo en la tierra, y el 
no sabia que estaba persiguiendo a Jesús. El pensaba que estaba persiguiendo a un 
bando de fanáticos. Y yo en el sermón decía: "Tu también que persigues a los hijos de 
Dios, ¿tu no sabes que estas persiguiendo al propio Dios? Eres un hombre infeliz, es- 
tas destruyendo tu matrimonio, no puedes dormir, estas vacío por dentro de tu corazón, 
¿por qué rechazas la voz de Dios?" Eso le tocó el corazón. 

Entonces ahora el vecino, cuando el diácono se identifico, le dijo: "¿Tienes otros ser- 
mones más para prestarme?" Resultado: hoy día ese vecino es miembro de la iglesia. 
El se bautizo. ¿Gracias a que? ¿A una campaña evangelíistica? No. Eso no quiere de- 
cir que no tenemos que hacer campañas evangelísticas, claro que si. Pero gracias a la 
oración. El diácono oro, oro y oro y cuando un cristiano ora el Espíritu de Dios no se 
queda de brazos cruzados. Trabaja en el corazón de las personas por quienes estas 
orando. 

¿Quién es la persona que quieres ver en el reino de Dios? ¿Es una persona dura, no 
quiere saber nada del evangelio? Entonces empieza a orar. Ora, ora y ora porque no 
hay nada que el Espíritu de Dios no pueda hacer. El puede derrumbar cualquier pared. 
No hay preconcepto para el Espíritu Santo. El Espíritu Santo hace maravillas en el co- 
razón de la gente, pero para eso tiene que haber alguien clamando, suplicando, implo- 
rando, y ese elemento eres tú. Y al mismo tiempo estas haciendo eso para traer perso- 
nas a Cristo, estas aumentando tu periodo de oración y entonces estas creciendo en tu 
experiencia espiritual. 

Que Dios te continúe bendiciendo 

Pr. Alejandro Bullón 

Transcripción del Comentario en Audio: Néstor D. Chuqulmla 



Comentario Bosquejado de la Lección de la Escuela Sabática 

Pr. Alejandro Bullón 
Transcripción 



© Néstor D. Chuquimia 

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